Otro día sin hablarnos

abril 6th, 2011 § 1 comentario

Otro día sin hablarnos,
o casi, si hoy cuenta como hablarse
cruzar cuatro mensajes
en el móvil:
-¿recoges al pequeño?
-sí, y a casa y a cenar como dijiste
-no habías confirmado
-pues ahora sí

Y lo recojo,
pintura colorada hasta en las cejas,
el gato en equilibrio entre sus brazos
mientras corre a regalarme una sonrisa,
un beso,
(pobre gato) un abrazo
que me ancla una y mil veces
a esta tierra que me embarra;
y solo por estar.

Si algún día decido escapar
de este remanso
de podredumbre,
espero que el tamaño de su amor,
al que me aferro,
no quepa por el marco
de la puerta de atrás.

¡¿Cómo que nada?!

abril 4th, 2011 § 4 comentarios

¿Que no hago nada, dices? ¿Que no hago nada? Me esfuerzo hasta asquearme cada día por no mandarlo todo a la mierda. Y al final, encima, suelo arrepentirme y me prometo que mañana se acabó. ¿Te parece poco?

A mí también…

NADA-NADIE-TODO-FRÍO

noviembre 9th, 2010 § Dejar un comentario

Ella hacía NADA por cambiar. Seguía pensando en lo que seguramente NADIE pensaba de ella y así conseguía embrutecerse lo bastante como para poder no pensar mucho en su presente. Hasta el balcón, otrora preciado espacio público en privado, le pareció chico para las idas y venidas que requeriría poder evadirse de sí misma, no digamos para atrincherarse frente al barullo de la vida cotidiana: cotidianidades a barullo. Gritó. Grito y gritó mucho antes de que se la oyera, y siguió gritando cuando llegó él. Le gritó. Últimamente siempre le gritaba. Lo poco que pudo pensarlo, se dio cuenta de que últimamente era hacía mucho tiempo, y no recordaba la última vez que, simplemente, le habló. A él. Y al anterior, y al otro y al otro. Cuando quiso hablar, sus palabras se hicieron añicos contra el eco del estruendo de otro último portazo, aunque tampoco tenía muy claro qué decir. Bien mirado, ahora tampoco importaba tanto. Salió -o entró, ya no estaba muy segura- y apoyó su TODO desmoronado sobre la barandilla. Se agachó deslizando las manos por los balaustres de hierro mientras las luces de la calle iban subiendo lentamente, hasta quedar sentada. Se estiró a lo largo del balcón, los hombros casi tocando barandal y pared, juntó las manos sobre el pecho entrelazando los dedos, como había visto en algún velatorio, cerró los ojos lentamente, intentando ver a través de las pestañas hasta el último momento, y dejó que el FRÍO del terrazo templara su cuerpo.

carne jugosa

noviembre 1st, 2010 § 5 comentarios

Ya no era tan temprano. Su tersa piel, tan vulnerable en apariencia, empezaba a suponerle más dificultades de las que estaba dispuesto a soportar. Tenía prisa por terminar con aquello y hundió el cuchillo hasta el fondo con un movimiento rápido, apresurado. Demasiado. Notó que la punta se clavaba en algo duro y se lamentó por todo el esfuerzo que le requeriría recuperarlo y el tiempo que perdería, más aún. ¡Y todo salpicado, venga! Tendría que haberlo hecho de noche, con más tiempo, como le había dicho ella. Ya no podría salir así a la calle y la rabia le hizo ensañarse cuando, con un tirón brusco, consiguió liberar la hoja proyectando pedazos de carne jugosa por todo el pecho y la cara, volviéndola a hundir una y otra vez, ahora ya sin ningún tipo de pudor, ni de inútil precisión. Las salpicaduras que se escurrían camisa abajo empezaban a secarse, y el leve crujir de la ropa en los regueros y pensar que ella volvía a tener razón, le recordaba una vieja sensación de exceso de apresto y de ahogo que sus furiosas cuchilladas no conseguían mitigar. Su mujer seguía mirándole atónita mientras boqueaba buscando las palabras que le sacaran del frenesí, pero no conseguía más que balbuceos ininteligibles. Él aguantó su mirada y con un gesto agrio contestó a sus ademanes. Cállate, ¿quieres? No hace falta que abras la boca para recordarme que tenías razón. En lugar de criticarme podrías terminar de preparar el bocadillo mientras me vuelvo a duchar y me cambio de camisa, que llego tarde. Ah, y nada de tomate esta vez… ¡mierda de tomate!

hechos cotidianos

septiembre 15th, 2010 § 4 comentarios

¿Eres alegre? Entiéndeme, no te estoy preguntando si eres feliz, eso… bueno, sería una estupidez por mi parte preguntarte eso, y en cualquier caso no podría creerme tu respuesta. Quiero decir, demasiado difícil, mucha casualidad que entendamos lo mismo, o incluso que entendamos algo concreto por felicidad, o ser felices: muchas expectativas y definiciones impuestas e intentos fallidos y ojos mirando de soslayo, opinando, criticando. No, es algo menos ambicioso, o quizás más, no sé; me refiero a los hechos cotidianos, mirar la vida de un cierto modo, menos trascendente, menos duradero, como si se fuera a acabar mañana, y mañana está tan lejos… Me explico fatal, lo sé, es solo… ¿me besarás al llegar a casa después de un día de mierda en el trabajo? ¿y antes de dormir, a pesar de nuestras discusiones y silencios? ¿quitarás con tu risa el hierro a un comentario malicioso? ¿bailarás hasta tarde a pesar de los muchos madrugones? Y si te rascas en la arena, o salpicas con el agua, o te manchas con la hierba, o te mojas los zapatos, o te atosigan tus hijos, o te quedas sin café… Qué estúpido soy, perdona… ¿eres feliz?

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